La Cultura Cuenta

Conversación con Hernán Crespo Toral

Luis Bossano Rivadeneira

 

Trabajador incansable por la cultura, todo el tiempo está preocupado por rescatar, recuperar, revalorar, replantear la cultura de nuestro país, que es el factor que -finalmente- permite la existencia misma del país.

De amplia experiencia en el medio de la cultura, Hernán Crespo Toral es para nuestro caso un referente de la cultura y voz siempre autorizada para orientar nuestros pensamientos sobre orígenes y destinos a los que tenemos que valorar y  aprender a vivir con ellos.

 

Ubicar a la cultura del Ecuador en el contexto mundial, para su conocimiento y valoración, ha sido una de las metas a las que ha dedicado el mayor de los esfuerzos, para lo cual ha utilizado los foros a los que ha sido invitado para resaltar los atributos y cualidades que emanan permanentemente del país histórico o del país profundo. Ha trasladado  sus ideas sobre Ecuador alrededor del mundo por las oportunidades de ser delegado o representante de institutos, organizaciones  o personalmente. Ha recibido como galardón lo que un trabajador de ideas y conceptos recibe, es decir, varios doctorados honoris causa.


De su boca salen adjetivos como maravilloso, increíble, único pero también la desazón al advertirnos de los manejos y visiones desubicadas en cuanto a espacio y tiempo: angustia, preocupación, tristeza, desesperación, y acaso impotencia.  Es formidable trabajar para el conocimiento de una cultura como la nuestra, pero es deprimente contemplar el olvido, la sinrazón o la banalidad con las que nuestro Estado asume el reto de mantenernos vivos como nación.

 

Hernán Crespo inicia su labor silenciosa pero riquísima en la investigación de los bienes patrimoniales ilusionado al ir encontrando  en la intimidad de su escritorio las explicaciones (arqueológicas, tecnológicas, didácticas, estéticas, etc.) de las piezas halladas en las entrañas de nuestra tierra la “Pacha mama” y posteriormente en la creación del Museo del Banco Central del Ecuador con la concreción de varias sedes en funcionamiento desde hace casi cuatro décadas.  Estas actividades involucradas con la cultura han prestigiado inmensamente a una institución que, paradójicamente, no parece valorar su inapreciable acervo patrimonial al pensar que todo debe traducirse a valor monetario y no necesariamente a historia.

 

En el Museo del Banco Central del Ecuador -su proyecto vital- vislumbra, por una parte, el dejar que la cultura milenaria de Ecuador se presente, se comunique por sí sola y, por otro lado, integrar en un todo aquellos momentos en tiempo y espacio que dan identidad a Ecuador.  Estructura así una colección única en el país que le puede dar su visión más real al devolverle -para la época actual- su identidad.  El trámite de este museo no es solamente el de estar al unísono con otros museos del mundo, por ejemplo. el museo de Antropología e Historia de México o el Museo del Oro de Bogotá en Colombia, es buscar la manera de generar cultura a través de las oportunidades que la cultura material ecuatoriana nos lega para ahora y para siempre.  Por primera vez -después de su trabajo- el país pudo juntar y orientar una propuesta para la lectura detenida y acuciosa de la historia del país.  El museo respondía en su época a una necesidad no resuelta en mucho tiempo y con qué calidad.

 

Con este hombre valeroso, lleno de energía, grato y sincero, que es parte ya de nuestra impronta cultural, de la que él tanto se nutrió y ahora nos nutre, he querido conversar y aprender.

 

La Cultura

La cultura es un material intangible cuyo valor no se reconoce solamente por los atributos o características de los pueblos, sino más bien por las condiciones de existencia de los pueblos organizados y por la coexistencia de esos pueblos con las realidades  ambientales, materiales y espirituales.

 

¿Cómo se debe entender la cultura?

La cultura es el numen de un pueblo, es decir, esa parte íntima en donde están los elementos definitorios del talento nacional con los que se construye la cosmovisión y se explica el rumbo de un grupo humano.

La cultura, cuando se trata de un ser humano particular, es aquello que le alienta a la vida. La cultura personal debe ser enriquecida  -y esto debe hacerse todos los días- porque es la definición global de lo que es el ser humano, a partir de los componentes materiales y espirituales de sus vidas.

La definición que mejor interpreta mis expectativas dice que la cultura es: ‘la esencia de la personalidad del ser humano’ y del grupo social’.

 

¿Qué componentes integran este concepto?

Dos componentes conforman esta esencia de lo que el ser humano es: herencia y aporte.  La herencia es el factor esencial, luego el acervo familiar y el acervo personal.

No todos los seres humanos aportan a aquello que han recibido como acervo, algunos lo menosprecian, otros lo olvidan; pero hay seres humanos que sí recuperan los valores que han recibido de sus ancestros; les dan lustre y comunican activamente a sus descendientes.

¿Cuál es la importancia de la cultura, ya sea local o universal?

En el año 2000 se hizo en Florencia una reunión auspiciada por la Unesco y el Banco Mundial, cuyo título, muy interesante, era: “La cultura cuenta”. La cultura cuenta puesto que al asignarle un valor puede constar dentro de la balanza económica del país para saber si es más o menos importante que otros bienes.

La cultura no puede ser cuantificada, estereotipándola  o asumiéndola como un dato estadístico.  Lo que es importante conocer es que la cultura, al ser un bien intangible, posee una serie de elementos implícitos que son los que justamente integran la vida humana dándole el valor que le es propio.

La cultura es un hecho imprescindible, es definitoria. Puede ser alentada y acrecentada conforme sea el plan de la nación, del país o por el individuo mismo.

 

La preservación

¿Qué se debe preservar, qué se puede soslayar?

En principio se debería preservar todo, pues todas las manifestaciones humanas tienen sus valores.

Decía yo que nos llega el patrimonio a torrentes. A finales del siglo. XIX e inicios del siglo. XX lo que creíamos patrimonial era bastante restringido.  A partir de entonces nos llega una abundancia inmensa de bienes culturales que son testimonios del desarrollo  del ser humano que tendrían ser preservados.  Sin embargo, la condición humana no permite la preservación de todo lo que el hombre ha construido o producido, en su momento habrá que desechar o, a pesar de guardarlo, pasará a a la historia de una manera secundaria.

Una de las condiciones fundamentales que caracteriza a la civilización contemporánea es la asimilación de esos vestigios de siglos pasados para formular nuevas propuestas a partir de las ya experimentadas anteriormente.  Es muy difícil discernir sobre aquello que hay que guardar, y esta decisión es cada vez más perentoria, porque dada la vertiginosidad del tiempo en que vivimos ya no queda nada misterioso. Se debe decidir rápidamente sobre aquello que el hombre debe conservar, porque es esencial para saber cómo ha sido el contexto en el que se desenvolvió.

 

¿Los cambios acelerados de la época contemporánea cambian las culturas, se asemejan o las diferencian?

Conforme podemos constatar a través de los medios, el proceso de aculturación es un fenómeno real e irreversible.  Aquellas culturas de Sudamérica, generalmente denominadas indígenas, que permanecieron durante centurias aisladas, dada la dinamia del mundo contemporáneo –la llamada globalización- van perdiendo de manera irreversible muchas de las características que las hacían únicas o diferentes.  En este proceso una de las primeras cosas que se pierde es la lengua, puesto que es necesario comunicarse con la cultura dominante por medio de la lengua del otro.

Los cambios se dan con especial vertiginosidad y a veces con violencia en las sociedades receptoras sin que la cultura predominante deje de tener también sus grandes fracturas.

En el caso de los medios, el proceso es realmente sui géneris pues dada su condición, caracterizada por la apertura, cualquier innovación es buena, incluso los antivalores que distorsionan rápidamente aquello que se tenía por sentado y que inclusive formaba parte del haber ético y moral y que se pensaba incorrosible.

 

¿No cree que la tendencia contemporánea está buscando la identidad hacia lo global?¿ Más general, menos local?

Indudablemente existe preferencia hacia la universalización, que es lo que incide en la debilidad de lo local.  Es mucho más fácil que nuestros descendientes canten música internacional, especialmente de la corriente americanizada, a que puedan cantar un cachullapi o un pasillo.

 

El rol de los museos en el mundo, ¿cuál fue y cuál es actualmente?

Antiguamente los museos eran repositorios de objetos que se consideraban raros pero interesantes, científicamente podían dar alguna información, que era acumulada por los especialistas.

Hasta hace menos de treinta años el museo era un lugar sacralizado,  donde se acudía a mirar las piezas, a observarlas, sin que hubiese un mensaje que conmoviese al visitante sobre su trascendencia.  A partir de los años setenta, debido  a la gran influencia de la corriente americanista y la generada en México y especialmente asimilada por algunos países que querían entrar en la modernidad, se plantea la necesidad de juzgar al objeto como testimonio vital de las costumbres, del modo de vida en la antigüedad. Vital no solo en su sentido elemental pues el museo se transformaría en un ente vivo y ardiente de la sociedad, como promotor y además gestor de la investigación del conocimiento, de los cambios sociales y de la utilización de los bienes culturales como bienes didácticos.

 

¿Los museos guardan, preservan o proyectan una cultura?

La misión esencial del museo es la de la comunicación, para la cual una vez escogido el patrimonio tiene que ser debidamente interpretado.

Las tres cosas, guardar  preservar y proyectar, esa es la misión esencial de un museo. Preservar los objetos es esencial, garantizar su supervivencia y su buen estado de conservación. El museo es esa especie de Prometeo que roba el fuego sagrado (en este caso el conocimiento) para ser entregado como fuego atizado a las nuevas generaciones.

Esta entrega, de las generaciones anteriores, debe obedecer a un plan, al plan de nación en el que los valores que le caracterizan  están siendo estudiados y transmitidos, a través de la didáctica, a las generaciones venideras.

 

¿Qué es estar bien estructurado?

La concepción del museo implícita en la pregunta es la de un ente integral que se ocupa del patrimonio humano-cultural también integralmente, de manera que el rescate de ese patrimonio y la entrega a la ciudadanía es su obligación.  En segundo lugar, es función propia del museo, usando recursos  especialmente científicos, formular una hipótesis que tiene que ser conocida, discutida y difundida por los visitantes.

El museo es una entidad polifacética que conserva, estudia, expone los objetos. Para que este museo esté bien estructurado necesita de personal que cubra cada uno de estos rubros eficiente, honesta y eficazmente.

 

¿Se multiplican los tipos y clases de museos, esto satura el mercado o banaliza la idea de la preservación?

Exactamente, la banalización de la preservación se da desde el momento en que los objetos de estudio se venden en las revistas de anticuarios. Hay mucha gente que considera que tener un objeto arqueológico es un prestigio y entonces el objeto arqueológico o colonial va a adornar la vitrina del señor o señores.  El libre comercio va a atentar contra la identidad de los países dentro de poco, porque los objetos de arte se van a transformar nada más que en objetos estéticos.

El caso del patrimonio eclesiástico es gravísimo, puesto que si observamos la historia veremos que todo el período colonial se sustenta en el arte religioso, que fue el que produjo seres excepcionales como los artistas de la época barroca: Caspicara, Legarda, los Rodríguez y muchos otros personajes anónimos: escultores, pintores, vidrieros, etcétera, cuyas obras están bajo la custodia de las instituciones religiosas que, dada la inmensidad del acervo, son incapaces de guardarlo pertinentemente, esto si no lo menosprecian o lo venden sin dejar traza de lo que se pierde.

 

¿Cuáles son los públicos a los que se destinan los museos y cuáles deben ser los ámbitos de trabajo en ellos?

El museo es un espacio de todos, pero después irá generando expectativas especiales de acuerdo a la vocación de cada individuo; entonces será fuente inspiradora de nuevos antropólogos, historiadores del arte, tecnólogos, etcétera, este ente vital es favorecedor de las vocaciones pero también es espectador entusiasmado de las vocaciones de sus visitantes y científicos.

En principio, la idea de los curadores , de los conservadores, de los educadores, de los expositores es entregar hacia un público que identificamos como culto, que creemos nosotros que es cautivo, un mensaje sobre aquella parte de la cultura que expone.

 

El museo es un punto de reflexión sobre la humanidad, sobre su destino, más ahora que tenemos problemas formidables como la escasez del agua potable en el mundo o los pueblos que se matan por razones religiosas, en fin, todos esos problemas larvados, es decir escondidos, afloran el rato menos pensado sin que –por falta de conocimiento- existan posibilidades de solución.

Entonces, tenemos que luchar contra eso. La cultura de paz que pregona la Unesco es  hacer que los pueblos reflexionen sobre su raíz profunda y creen y robustezcan los valores como la igualdad o la solidaridad ante la vigorosa globalización a la que están expuestos.

 

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